Mayo, 2024
Surfear en Hawaii es el sueño de todo surfista. Las playas, las olas y el espíritu aloha son un escenario perfecto para pasar divinamente. Y hacerlo rodeada de personas con discapacidad y amigos que vibran en una misma pasión… no tiene precio!
Los hawaianos no sólo son amables, sino que te hacen sentir en casa. Además, viajar junto a otros ticos compañeros de equipo fue super divertido. Un anillo perdido en las intimidades de Mattews, una corrida debajo de un aguacero y un tercer lugar en una final tormentosa! Mi primera visita a Hawaii fue inolvidable!

Preparativos del viaje
Todo surfista quiere ir a Hawaii, pero ¿cómo hacerlo realidad? El Hawaii Adaptive Surfing Championship era el momento para aprovechar y disfrutar de las olas de Waikiki. Mi amiga del Reino Unido, Hannah Dines, apasionada surfista adaptada fue mi motor. No le costó convencerme que era posible, así que nos pusimos manos a la obra.
Obtuvimos varios patrocinios. El hospedaje gracias a Indy Club, que además nos brindaron apoyo logístico. Arenas del Mar, hotel miembro de Cayuga Collection, nos ayudó a cubrir los gastos del entrenador: Alejandro Chinchilla. Hannah y yo nos unimos a otros 2 surfistas adaptados ticos que también iban a participar en la competencia: Mattews van der Hooght con su hermano Shamir y Roy Calderón. Además, diferentes emprendimientos como Puravida Board Gear nos donaron productos para hacer rifas y poniendo nuestros ahorros, nos fuimos!

Waikiki
Pasa a veces, los imprevistos suceden y el otro entrenador que nos iba a acompañar, a última hora no pudo viajar. Mi tabla, que viajaba con él se quedó en Costa Rica. Hannah con su sentido de equipo y corazón enorme, me prestó una de las suyas! Y Ale asumió al el reto de ayudarnos a todos!
Esta icónica zona de Honolulu, Hawaii fue donde el legendario Duke Kahanamoku popularizó el surf. Es una zona bastante turística y vibrante. Tiene olas amigables para todo tipo de surfista y suele haber bastante gente.
Fue interesante ver muchos turistas de tercera edad y habitantes de calle con discapacidad. Esto no me sorprendió tanto, pues la accesibilidad en todo el entorno urbano es bastante buena y por lo tanto, es un lugar donde cualquier persona independientemente de su condición, puede movilizarse con gran libertad. Salir del hotel y rodar cargando las tablas de surf hasta la playa me daba una sensación de autonomía que no había experimentado antes.
Nuestro hotel fue el Twin Fin, nos quedamos en habitaciones accesibles para silla de ruedas, bastante amplias y bien logradas. Tenían dos camas matrimoniales y el baño bastante accesible. Logramos acomodarnos bien, a pesar de tener 2 sillas de ruedas, tablas de surf, bolsos y cosas por todo lado.


Hannah es celiaca, entonces la decisión donde comer era minuciosa. Descubrimos Lulu’s, un restaurante muy agradable, en un segundo piso accesible por elevador, cerca del hotel. Aquí comimos delicioso varias veces y con muchas opciones para Hannah. Además, por ser competidores del evento, nos hicieron descuento!

El espíritu aloha se siente en todo lado. La mayoría de la gente estaba enterada de la competencia, incluso varias personas que nos atendieron en tiendas y restaurantes eran voluntarias en el evento! Recibimos un trato amable y alegre de parte de todos.
Las sonrisas es lo más común de ver en Waikiki y también tuvimos risas descontroladas en el mercado. Mattews regateando unas compras, tuvo un incidente: se cayó en su entrepierna un anillo que se estaba probando… y la vendedora inmediatamente fue a rescatarlo! Se lo terminó dejando al precio que él quería…
Una noche después de cenar afuera, nos tomó por sorpresa un aguacero fuerte. El hotel quedaba cerca, así que nos fuimos valientes bajo el agua, corriendo/rodando como loquitos, mientras la gente, esperando debajo de los aleros que la lluvia pasara, nos hacía porras. Por dicha las aceras son bastante accesibles y pudimos correr de verdad!
La Competencia
El Hawaii Adaptive Surfing Championship fue parte del tour mundial de surf adaptado de la AASP. Tuvo la participación de 104 surfistas de 19 países diferentes. Amé la inauguración del evento. Justo en la estatua de Duke, se sintió ese espíritu aloha que nos acompañó todos los días de competencia y todo el tiempo que estuvimos en Hawaii.

Las rondas eliminatorias estuvieron cargadas de adrenalina, olas hermosas y camaradería. Era increíble tener un spot en Queens, Waikiki, que suele estar bastante lleno de gente, solo para las 4 surfistas que competíamos por heat. Nos hizo un clima espectacular y llegar al line up era una buena remada, pero relativamente fácil, gracias a Tommy Pierucki por capturarme en algunas de esas olas mágicas.


La final fue una historia diferente… al día siguiente de la tormenta que nos agarró volviendo al hotel después de cenar, mi heat era de los primeros del día… estaba oscuro y lloviendo aún. Igualmente nos preparamos y entramos al agua para la competencia… debido a las condiciones, nos dejaron entrar con nuestros instructores.
Ibamos remando, Ale delante mío, cuando de repente ya no se veía nada… ni las bollas que indicaban la zona de competencia, ni otros surfistas… me empecé a sentir cansada y confundida… ya había entrado varias veces y no había sido tan difícil… pasó un jetski, nos preguntó si estábamos bien y nos indicó que saliéramos, la competencia se pausaba para esperar que pasara el mal tiempo.
Con una salida un poco caótica, esperamos un rato a que las condiciones mejoraran y tuvimos las finales más afuera, en Baby Queens. Fue una final extraña, no entendía las olas, Ale me gritaba y yo no entendía lo que quería que hiciera. Hice lo mejor que pude y quedé en tercer lugar.


Northshore
Después de la competencia fuimos 2 días a Northshore, la meca del surf. Salimos tarde de Waikiki, y nuestro chofer resignado, Roy, de la categoría visión parcial, nos llevó bajo la lluvia, sanos y salvos hasta Northshore, en un carro grande, pero que se nos hizo pequeño para 6 personas, 3 sillas de ruedas, maletas y tablas de surf. Acá nos recibió una familia, amigos de amigos, que nos prestó un apartamento para quedarnos todos. Fueron 2 días divertidos de convivencia, canciones, risas e idas a Northshore a ver surfear a Ale y Roy.

Vivir con una discapacidad no es una tragedia… es una aventura llena de sorpresas. Al adquirir una discapacidad vienen primero mucho dolor, dudas, frustración… pero también se abre un mundo de oportunidades diferentes a las que imaginamos. Antes de adquirir mi discapacidad, ni en mis sueños más locos hubiera imaginado que iba a participar en una competencia de surf en Hawaii… y terminó siendo una realidad que me dejó experiencias inolvidables, recuerdos hermosos y muchas ganas de seguir viajando y conociendo diferentes lugares y culturas.
Si querés leer más sobre mis aventuras viajando por el mundo, podés seguir con el siguiente post: Barcelona: mi ciudad favorita
Descubre más desde Accesibilidad, charlas e historias de vida
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

