14 de agosto, 2026. Jacó
Hoy, 25 años después, me levanté como cualquier otro día. Puse el agua para el café. Abrí la nevera. Saqué los huevos y revisé con que los podía preparar. Tenía un tarrito con maíz dulce de una lata que había abierto unos días antes. Listo, huevo revuelto con maíz, como te gustaba.
Uff, ya 25 años sin vos… la vida entera… Yo contesté la llamada del hospital esa noche y todavía puedo sentir el frío bajando desde la nuca a todo el cuerpo, congelándome mientras escuchaba las palabras de la doctora…
Recuerdo como si fuera ayer, la ilusión con que nos preparabas huevos revueltos con maíz, en memoria del hotel donde los probaste… Te encantaba chinearnos con comida… A veces, por la noche, ya después de haber cenado y con ganas de picar algo más, recuerdo que nos hacías camote rallado frito… ¡vale que en aquellas épocas no se hablaba tanto de nutrición! También, me parece estar viendote llegar del trabajo, en la noche, con una bolsa de Automercado con pejibayes y mayonesa, sentarte en la mesa con un cuchillo y pelarlos, apenas arrancando la cáscara con cuidado para no desperdiciar nada del pejibaye y rellenando el huequito de la semilla con mayonesa. Nos compartías a todos, pero eso era tu deleite, tu momento de relax y auto-chineo después de un día cansado de trabajo… ¡Ahora veo en ese pequeño gesto cuánto nos amabas!
Ah, pero ¡cómo odiaba que te pusieras zapatos cerrados de vestir en la playa! Creo que nunca te vi usando sandalias… Mi yo adolescente te recriminaba: ¡que polo andar así papi! Ahora daría lo que fuera por estar con vos en la playa, sí, con todo y zapatos cerrados de vestir, me sentiría la más feliz y orgullosa de vos… Nos quedaríamos viendo el atardecer en Madrigales, esa playa donde voy regularmente a surfear… Estarías sorprendido de ver todo lo que ha pasado estos 25 años… tal vez un poco triste de verme en silla de ruedas, pero feliz y hasta orgulloso al mismo tiempo. Te contaría de todas las aventuras y trataría de convencerte que te animaras a surfear… Aunque tal vez no lograría convencerte…
¿Sabías que los primeros años sin vos, llamaba todos los días a tu celular? Sólo quería escucharte diciendo: “Está llamando a Emmanuel Vindas, deje su mensaje”. Tenía tanto miedo de olvidar tu voz… Ya no la recuerdo con precisión, pero si recuerdo cómo, en medio de una conversación seria, movías las orejas para hacernos reír. Yo no heredé ese “don” tuyo, pero Jose y Mariana sí. Verlos a ellos moviendo las orejas como vos, es un recordatorio de que algunas cosas se olvidan, pero otras persisten y se vuelven una huella eterna… una celebración cotidiana a tu vida.
25 años después, sigo recordándote casi a diario, en detalles que parecen insignificantes, como unos huevos con maíz. En momentos random, como cuando alguien está cocinando y otro se acerca a probar… “Echa pa ispiar” decías siempre que te acercabas a probar lo que mami cocinaba… Ya no siento miedo de olvidarte, porque tus recuerdos forman parte sólida de mi vida.
La mayoría de las veces, te recuerdo con gracia y amor. Otras veces se me sale alguna lagrimita de la nostalgia de pensarte compartiendo con nosotros el momento presente. Y una que otra vez, me enojo con vos: fue muy poco el tiempo que pudimos estar juntos y mucho de lo que te has perdido. Con todo y todo, te amo infinitamente. Gracias por haber sido quien fuiste.
Abrazos al cielo,
Naty
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