Hace un año vs hoy

Heredia, 23 de diciembre 2022

Hace un año amanecí en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital del Trauma. Había pasado 3 días antes con mucha fiebre, escalofríos, dificultad para hablar sin cansarme, dificultad para respirar, sin apetito y un dolor profundo e inexplicable en mi costado abdominal izquierdo. Estaba en Jacó y el día antes, llamé a mi doctora, «Natalia, si no se viene ya, podría no amanecer mañana». Y hoy, un año después, vuelvo a amanecer gracias a que seguí su consejo. Hoy, amanezco en Heredia, con frío, despeinada, agradecida y aprendiendo a amar mis colochos.

Ese 23 de diciembre del 2021 me desperté agotada, luego de una noche sin descanso, con doctores y enfermeras entrando a cada rato a hacerme exámenes. Sentía un cansancio extremo y una paz extraña, era como si fuera otra persona y no yo. Sabía que habían solo 2 caminos: soltaba todo y emprendía el viaje sin retorno, lo cual de cierta manera me apetecía; o me mantenía, tomando un respiro a la vez, aunque fuera con dificultad. No tuve ninguna revelación extraordinaria, ni vi ninguna luz, ni me acerqué a ningún túnel… sólo me mantuve respirando lentamente, tratando de entender lo que decían los doctores. Presentaba un cuadro de septicemia o sepsis, «respuesta abrumadora y extrema del cuerpo a una infección. La sepsis es una emergencia médica que puede ser mortal. Sin un tratamiento rápido, puede provocar daños en los tejidos, falla orgánica e incluso la muerte.» (Medline Plus) Aunque no sabía que iba a pasar, me enfoqué en agradecer cada respiro que daba en un lugar donde tenía todo un ejército pendiente de mí, trabajando para sanarme. A la par del TV, había un cuadro con una frase, donde las enfermeras en la mañana ponen la fecha de cada día, supongo que porque uno pierde la noción del tiempo ahí dentro. La frase, como se mira en la imagen, dice: «Nunca se pone más oscuro como cuando va a amanecer». Me aferré a eso, estaba pasando por un momento muy muy oscuro, pero con la certeza que no lo hacía sola y que en algún momento iba a amanecer de nuevo.

Mi cuarto en la UCI

Los cultivos de los exámenes de sangre indicaban que mi infección se debía a una bacteria llamada seudomona aeruginosa, una bichilla bien oportunista y cabrona (disculpando la palabra) que se me metió en la sangre. Esta bacteria se adapta y es resistente a muchos antibióticos, de forma que el tratamiento que me pusieron era muy agresivo. Fueron días difíciles, pasé Navidad, la muerte de mi abuelita paterna y fin de año internada en el hospital, sin poder recibir visitas por el Covid. Por primera vez en mi vida tuve episodios de ansiedad, que me daban cada vez que me tenían que cambiar las vías en unos brazos que ya estaban completamente morados y con las venas reventadas de tanta punzada. Pasé muchos ratos sumergida en la tristeza y la angustia. Me sacaban de ahí personas como mi compañera de cuarto en Cuidados Intermedios, Sofía y el Dr. Vargas, con los que hablaba, me reía y lloraba.

Mi 2022 empezó turbio, con tormentas de miedo e incertidumbre. Hasta agosto, luego de pasar por 2 internamientos más, muchos antibióticos, tratamientos y cirugías, empecé a ver la luz. Aún así, termino el año feliz, agradecida con Dios porque estuvo conmigo mientras transité uno de los valles más oscuros de mi vida. Me reafirmó mil veces y de diferentes forma, durante todo el año que no estoy sola y que soy muy bendecida.

Hoy, un año después de un amanecer oscuro, abrí los ojos por la mañana, agradeciendo con toda mi alma la oportunidad de seguir aquí, compartiendo, aprendiendo, construyendo. Hoy he sido muy intencional en disfrutar y agradecer cada momento y cada acción pequeña: leer la palabra de Dios, aprender cada día más de su amor incondicional y saberlo cerca; estirar y sentir mi cuerpo, que aún adolorido, sé que está sano; bañarme con agua caliente sin prisa alguna; preparar los alimentos con los que voy a nutrir mi cuerpo; hablar y reír con mi familia; estudiar y trabajar…

Hoy, no soy la misma que hace un año. Me reconozco en una versión más fuerte y más sensible al mismo tiempo. Más conectada con mi esencia y mi propósito de vida. Feliz y agradecida por todas las batallas que me han enseñado a crecer y por todas las bendiciones que me reafirman lo afortunada y amada que soy.

La vida es una montaña rusa para todos y en muchas ocasiones, es una mezcla agridulce. Hay épocas de tranquilidad y felicidad plena y otras llenas de incertidumbre, dolor, miedo, angustia… Hay situaciones que nos generan al mismo tiempo felicidad y tristeza. Esas dicotomías y contradicciones son parte de nuestra naturaleza humana. Pero como dice mi tío Toto: «todo pasa». Pasa lo bueno y pasa lo malo. Lo que persiste es el amor que reconocemos, damos y recibimos. Persiste la empatía y las conexiones reales que tenemos con otros. Persiste también el aprendizaje cuando queremos aceptarlo y reconocerlo. Y al final de nuestros días, cuando ya al gato no le queden más vidas, persiste la huella positiva que dejamos en el mundo cuando nos mostramos auténticos y actuamos desde nuestros valores.

Gracias, una vez más a todas las personas que durante este año tan complejo me acompañaron en persona, en espíritu y en oración. Me despido del 2022 feliz de todo lo que me regaló y espero el 2023 con mucha ilusión. Felices fiestas para todos!!!

Leer: Viaje a mi interior: Primer internamiento

Publicado por nataliavindas

Hola! Soy Naty. Me encanta viajar, surfear y trabajar temas de accesibilidad e inclusión. Soy usuaria de silla de ruedas desde el 2008. Con ella he aprendido a aventurarme, disfrutar el mundo y conectar con otras personas a través de la empatía, la gratitud, el coraje, la pasión, la fortaleza y la alegría.

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