Heredia. Agosto, 2025
¿Qué sentirías al conocer a una persona, que muchos años atrás te acompañó en uno de los momentos más críticos de tu vida?
Hoy les comparto una historia curiosa, que une pasado y presente, demostrando cómo incluso desconocidos forman parte de nuestra vida.
El vuelo
La noche del 21 de noviembre del 2008 hice mi primer vuelo en avioneta, por el motivo menos pensado. 17 años después, me entero que también fue el primer vuelo en avioneta de un acompañante vital para mí en ese momento: el paramédico que me mantuvo con vida durante el vuelo, luego de un grave accidente que tuve, trabajando como ingeniera de carreteras en Guanacaste. El vuelo fue de Liberia a San José, con un piloto de lujo: Agustín Monge. Agustín es un piloto con gran trayectoria y sobre todo, con un gran corazón.
Ante la emergencia de mi condición de salud, era vital trasladarme a San José. Agustín estaba en Guanacaste y se dispuso a llevarme a San José de emergencia. Preparó la avioneta, quitándole los asientos de atrás para que yo pudiera entrar bien en camilla. Hubo un asiento que no pudo quitar, aunque trató de hacerlo. Desconocía que tenía que viajar con un paramédico… y ese era el asiento para ese otro héroe silencioso. Mi mamá también nos acompañó en ese vuelo. Para ella también fue su primer vuelo en avioneta. Dice que hubiera sido hermoso si no hubiera sido por el motivo que lo convocaba: salvarme la vida.
Yo no entendía nada de lo que estaba pasando. Recuerdo sentirme muy aturdida por lo que escuché decir a los doctores: «no va a volver a caminar». Entre la cantidad de sangre que había perdido y los medicamentos para el dolor, eran pocos los momentos de lucidez. Lo que más recuerdo es una sensación metálica en la boca y muchísima sed. Recuerdo al entrar a la avioneta, repetir que tenía sed y Agustín en tono jocoso respondiendome: «solo tengo una botella de tequila». A lo que yo contesté: «démela porfa!!» y luego desconectarme de nuevo por completo.
El héroe silencioso
Esa figura silenciosa del paramédico estuvo presente todo el vuelo. El sólo cumplía su trabajo. Pero no por obligación, sino por vocación. Cuidó mis signos vitales, sosteniéndome con vida y atento a cualquier emergencia. Su figura pasó desapercibida por muchos años. Sabía que por algún motivo Agustín no pudo quitar el asiento en el que viajó el paramédico, pero jamás pensé que llegaría a conocerlo personalmente.
Y acá quiero detenerme a reflexionar sobre ese rol invisible de las personas que salvan vidas y acompañan en los momentos más oscuros de completos desconocidos. Ese vuelo fue sólo uno de los momentos en que desconocidos han cuidado mi vida. Hoy reconozco y agradezco la vida de todos esos héroes y heroínas que trabajan arduamente en silencio por los demás. ¡Cuánta vocación y entrega hay en los paramédicos y en todo el personal de salud!
17 años después…
Años después de esa noche del 21 de noviembre del 2008, recibí un mensaje por redes sociales de Pablo Alonso Castillo. ¡El paramédico que me cuidó durante el vuelo! El otro ángel que me acompañó esa noche ya tenía nombre. Para él, también fue su primer vuelo en avioneta. Me contó que fue un día complicado. Se impactó mucho con mi situación y al llegar a San José no tenía hospedaje, pero Agustín lo ayudó. Actualmente, sigue siendo paramédico voluntario de la Cruz Roja de Liberia y trabaja en el hotel Hampton Inn by Hilton Guanacaste Airport, frente al aeropuerto de Liberia.
Hace unas semanas, tuve que viajar a Guanacaste para dar una charla y aproveché para contactar a Pablo y agradecerle en persona. Me hospedé en el hotel donde trabaja, cuya accesibilidad aprovecho para comentarles en este otro post: Hospedaje para usuarios de silla de ruedas en el Hampton Inn by Hilton Guanacaste Airport, donde recibí una atención excelente.
Conocer a Pablo y agradecerle en persona me hizo sentir conectada a algo más grande. Nada es casualidad. Incluso personas que no conocemos forman parte importante de nuestro camino.
Reflexión y agradecimiento
Creo que Dios trabaja de formas misteriosas para el entendimiento humano, pero al fin y al cabo, siempre procurando lo mejor para nosotros. Entre esa noche del 21 de noviembre del 2008 y hoy han pasado muchas cosas… y en su gran mayoría bendiciones que muchas veces se manifiestan a través de personas que nos cuidan desinteresadamente, como Pablo y Agustín. Tener la oportunidad de agradecerles en persona para mí ha sido invaluable, pues muchas veces los héroes llegan en silencio, hacen su parte y siguen adelante sin reconocimiento. Pero nunca dejan de ser parte de nuestra historia.
A la señora que llamó a la ambulancia apenas tuve el accidente, a los paramédicos que me llevaron en ambulancia desde el lugar del accidente hasta la clínica y luego al hospital de Nicoya, y luego al de Liberia: gracias! Ustedes también son parte importante de mi camino.
Hoy quiero invitarlos a apoyar la labor de la Cruz Roja Costarricense. Nadie está exento de sufrir un accidente y la primera línea de respuesta es vital en esos momentos. Ya sea como voluntarios o haciendo una donación, podemos ser también héroes silenciosos para otros.
¿Qué personas han marcado de forma positiva y silenciosa tu vida en momentos importantes?
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