Viaje a mi interior. Tercer Internamiento

Heredia, 26 de julio, 2022

Hace dos meses estaba en el quirófano, desde las 5am que me bajaron de piso a la sala de pre-operatorios. Pero este Tercer Internamiento empezó desde el 28 de abril. Estaba feliz en mi casa en Jacó, mi hermano Jose me acompañaba esos días. Ya había terminado el tratamiento y al parecer todo estaba bien… hasta la noche del miércoles que empecé a sentir el mismo frío que se mete en los huesos y anuncia la calentura… apagué ventiladores y me acosté resignada… al sudor y bochorno de la calentura le seguía el dolor en todo el cuerpo, la debilidad, el agotamiento mental y el agobio emocional: otra vez estoy enferma? qué pasa con mi cuerpo? esto cuando se va a acabar? La mañana siguiente regresamos a San José. Hablé con mis doctores y ante los mismos síntomas no había mucha duda… la seudomona aeruginosa seguía en mi cuerpo. Volví a ingresar al hospital, pero esta vez quería ir con una mejor actitud, así que empaqué hilos, aguja y me llevé la cobija que le estaba tejiendo a Gael para pasar el tiempo que necesitara haciendo algo que me hacía ilusión. Me acompañaron también mis aceites esenciales Doterra que me ayudaban a levantar mi ánimo, dormir y hasta quitarle poder a la seudomona!

Volver al hospital

Ya en el hospi volví a ver caras amigas, pero también volví a ver las agujas… respiré profundo… esta vez iba a ser diferente. Tuve una seria conversación con mis venas. Era hora de madurar y colaborar con el equipo. Entre ellas más colaboraran, menos nos iban a punzar. Pasé un mes entero con tratamiento intravenoso a pura vía periférica. Mis venas se merecen un aplauso!!!!! Siempre un poco moradas y resentidas, pero dejándose encontrar sin tanto drama.

En el salón 27 del Cuarto piso Norte, hice nuevas amigas: Cinthia, Allison, Mitzi, Gretchen, doña Rose, Johana… mujeres fuertes y hermosas que por diferentes motivos estaban ahí compartiendo cuarto conmigo… En un mes compartí con ellas tantas historias… Joha era un personaje especialmente divertido. Desde la primera noche que estuvimos en el cuarto peleaba a gritos por teléfono con el esposo… y a las horas se le escuchaba hablando toda romántica… Una mañana, el médico general la agarró in fraganti, quitándose las grapas de la cicatriz de su pierna… Joha es una de esas personas difíciles de olvidar y que hicieron la estadía en el hospi bastante entretenida.

La cirugía

Mis exámenes de sangre mostraban de nuevo infección y la resonancia magnética mostraba mi columna radioactiva. Tres vértebras infectadas. Me pusieron de nuevo el antibiótico para deshacernos de la famosa seudomona y me hicieron un lavado quirúrgico en la columna, abriendo por tercera vez en un par de meses, la cicatriz de la espalda. Como mi tratamiento siempre fue interdisciplinario, tomó un poco más de tiempo decidir el camino a seguir, pero definitivamente, fue el mejor proceder. Mi admiración y respeto eterno al personal del Hospital del Trauma.

Los doctores me plantearon una cirugía mayor, compleja, pero definitiva ante no solo el problema de la bacteria, sino ante una posible inestabilidad de mi columna. Con 3 vértebras dañadas tenía bastante compromiso estructural. Sentí no miedo, lo siguiente. Era una operación más grande que la que tuve al momento del accidente. Implicaba además de abrir de nuevo toda la espalda y volver a instrumentar con platinas más grandes, raspar y limpiar las vértebras dañadas por delante y por detrás, abriendo también por mi costado izquierdo, colapsar un pulmón, quitar una costilla y sacar un pedazo de hueso del peroné para hacerme injerto de hueso donde las 3 vertebras estaban dañadas. Entre 6 y 8 horas de trabajo para 4 doctores: neurocirujano, ortopedista de columna, cirujano de tórax y anestesiólogo. Ante la explicación de todos los posibles riesgos, lloré una mañana entera. Tantas cosas que podían salir mal… pero ese era el camino. No había otra opción. Le pedí al Señor paz y confianza. Acepté el procedimiento.

Luego que el anestesiólogo me explicara todo el trabajo que tenía que hacer para mantener mis signos vitales durante las horas de la operación, comprobé, una vez más, lo sutil de la vida. Confiando en Dios, en los doctores y en mi resiliencia, entré tranquila. Lo primero que recuerdo al despertar después de la operación fue un dolor profundo, intenso que no me permitía respirar y mucho menos hablar… ¿Cuánto dolor tiene del 1 al 10? Me preguntó una enfermera… en un susurro de dolor le respondí: 11! Llamaron al médico y me volví a dormir. Desperté con menos dolor y a las 5pm me subieron a piso. A tiempo para ver Betty la Fea!

Herida cocida con grapas en toda la espalda, de arriba a abajo
La herida de la espalda
Herida con grapas debajo del pecho izquierdo y herida cocida más abajo
La herida del costado y el sello de tórax
Herida cocida en la pierna
La herida de la pierna

Post-Operación

72 horas después de la operación me llevaron a bañarme en la ducha. Entre 3 personas me alzaron  a mi y a todos mis accesorios post-operatorios (sello de tórax y drenajes), me pusieron en la silla de baño y que empiece la aventura! Nunca me había sentido tan humanamente frágil y vulnerable. Me defequé del dolor, delante de las personas que me estaban ayudando. No sentí vergüenza, al fin y al cabo, nuestro cuerpo es eso: carne, hueso, sangre, desechos…  en vez de vergüenza sentí compasión por mi cuerpo, maltratado con el propósito de sobrevivir… trabajando a cada segundo por reponerse del miedo emocional y el dolor físico de la cirugía… Aún así, sentir el agua corriendo por mi cuerpo fue la sensación de mayor alivio de los últimos días… y sin embargo al día siguiente no pude bañarme del todo… Era demasiado el dolor en todo el cuerpo… Me sentía atrapada, presa en mi propio cuerpo.

Tenía indicación médica de girarme hacia los lados para liberar la presión de la cicatriz de la espalda, pero no aguantaba moverme más que un par de grados y sólo hacia el lado derecho. Por más morfina directo a la vena 24/7 y demás medicamentos para aliviar el dolor, moverme era un sufrimiento. Sólo podía hacerlo para sentarme, con ayuda de la cama eléctrica. Aún así, me movía todo lo que podía. El dr. Valverde me había dicho que si todo salía bien, a los 8 días de la cirugía podía volver a casa. Ya había pasado mucho tiempo en el hospital y regresar a casa era mi mayor anhelo. El día 9 después de la cirugía entré en crisis emocional. Ataque de ansiedad. Solo pude escribirle a la sicóloga del INS: Pili auxilio. Llegó a los pocos minutos. Me sentía petrificada, quería salir corriendo de ahí pero mi cuerpo solo respondía con dolor. Me tomó de la mano y me puso música relajante, su compañía fue un gran alivio. Al rato pude llorar y soltar la angustia y el miedo que sentía. Tenía días sin poder dormir bien, sentía en mi cuerpo que si me dormía, no iba a despertar. Supongo que aún cuando la mente esté dormida durante las horas de operación, el cuerpo siente y guarda esos recuerdos.

La salida

El 7 de junio me fueron a recoger mami y Ana. Montarme a mi carro, un Hyundai Santa Fé, fue una odisea. Me volvieron a poner el picc. Iba a tener tratamiento antibiótico intravenoso 3 veces al día por 6 semanas, una medida de seguridad del doctor Romero, el infectólogo, para asegurarnos que no quede nada de seudomona en mi cuerpo. Luego de la primera semana en el trajín, me empezó a doler la herida del costado. Pri me cambió el carro, así que subirme y bajarme del carro tantas veces al día dejó de doler, pues es un carro bajo. Mis hermanos se organizaron para ayudarme, pero Ana especialmente se puso la camisa y fue quien más estuvo conmigo. Se los juro que todos quieren tener una hermana como Ana. Madrugaba conmigo, me hacía desayuno, almuerzo y cena (es chef y cocina deli!) y organizaba sus cosas alrededor de las mías. Ana es de esas personas que son incondicionales y no tengo como agradecerle tanto amor y entrega.

Volví al Centro Médico Regional de Heredia a ponerme las dosis de la mañana y la tarde, y a la Unidad de Valoración Inicial, al Hospital del Trauma todas las noches y fines de semana. Las enfermeras y enfermeros me volvieron a atender con esa vocación y alegría que hace que uno, a pesar de todo, la pase bien. Las 6 semanas pasaron volando y hoy solo sigo con medicamentos para el dolor.

Ya me siento súper bien, yo de nuevo, pero confieso que una parte de mí tiene temor de tener otra recaída. Volví a hacer ejercicio, sigo trabajando con mi sicólogo, hablando con Dios a cada momento, leyendo la Biblia y varios libros interesantes, escuchando charlas inspiradoras y trabajando en mi mejor versión. Surf Adaptado, las consultorías en accesibilidad, las charlas y talleres, las clases de francés y el tejido son lo que ocupan mis días. Dedico todas las semanas un tiempo para compartir con mi familia y amigos.

Ahora, después de mis tres internamientos, valoro más cada respiro y cada momento compartido. La vida es un regalo de Dios.

Naty y Victoria sacando la lengua

Publicado por nataliavindas

Hola! Soy Naty. Me encanta viajar, surfear y trabajar temas de accesibilidad e inclusión. Soy usuaria de silla de ruedas desde el 2008. Con ella he aprendido a aventurarme, disfrutar el mundo y conectar con otras personas a través de la empatía, la gratitud, el coraje, la pasión, la fortaleza y la alegría.

8 comentarios sobre “Viaje a mi interior. Tercer Internamiento

  1. Hola, espero que te encuentres mucho mejor por lo de tus viajes al hospital, gracias a Dios podes publicar tu historia la cual nos asombra y nos da un claro ejemplo de valentía y de mucho mas ganas de vivir. Ya hace algún tiempo te había visto en las campañas de surf adaptado o en la Recoleta de fondos para el 1er mundial de surf adaptado e intercambiado algunas palabras y me di cuenta que sos una persona super talentosa y valiente a pesar de las circunstancias. Yo tengo una enfermedad llamada Charcot Merry too (CMT) y hace como 3 años que uso silla de ruedas y gracias a mi hermano pude conocer a personas que sin importar la condición pueden hacer un montón de cosas que yo ni mi imaginaba… Saludos y muchas bendiciones.

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  2. Admirable tu fuerza y tenacidad. Desnudar tu sentir , es sanar en alma y cuerpo. Permite que cada lector valore su vida y te quiera abrazar para decirte que todo va estar bien pero como humanos somos frágiles por ello «Un día a la vez Nati» …..

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